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El punto de partida de la producción artística de Fernando Botero surge de sus raíces en su natal Medellín, Colombia. A partir de los recuerdos de su infancia y juventud realiza la propuesta central de su obra en la que conjuga la tradición estética occidental -principalmente la del Renacimiento italiano y de los grandes maestros que tanto marcaron su obra como Piero della Francesa y Paolo Ucello- con la experiencia latinoamericana. Fue el encuentro con la pintura mexicana en 1956 lo que le permitió a Botero volver la mirada hacia sus propias raíces para transformar ese universo inagotable en materia digna de su propia obra y en el tema central de su creación. Rescata entonces con grandes dosis de humor los recuerdos de su infancia y juventud. Son los persnajes cotidianos de ese mundo los que habitan sus lienzos: músicos, bailarines, monjas, militares, señoras de la alta sociedad, hombres de poder y hasta las mismas prostitutas los que transforma con su juego de proporciones y su estilo volumétrico en una "poesía de lo improbable". En palabras del artista: "la obra debe gozar de una identidad clara con raíces profundas para que tenga validez y honestidad" con lo cual afirma que "el arte, cuanto más local, más universal".

Fernando Botero,  Mujer sentada, 1997
Óleo sobre tela

Fernando Botero,  El final de la fiesta, 2006
Óleo sobre tela

Fernando Botero,  Picnic, 2001
Óleo sobre tela

Fernando Botero,  La calle, 2000
Óleo sobre tela

Fernando Botero,  El baño, 1989
Óleo sobre tela

Fernando Botero,  Bailarina en la barra, 2001
Óleo sobre tela

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