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Otra fuente de enigmas es el rostro o más bien su cancelación en la figura humana. La figura de espaldas que nos oculta el rostro funciona como una especie de representante del espectador dentro de la pintura; nos hace conscientes del acto de mirar. Pero el pintor dispone de otros modos de escamotear el rostro de sus personajes como taparles la cara con algún objeto colocado ante ella o cubrirles la cabeza con un paño blanco. Así como Magritte suprime el rostro allí donde esperábamos encontrarlo, es decir, en la cabeza humana, otras veces lo proyecta como una especie de máscara sobre otras zonas del cuerpo o sobre un objeto cualquiera o incluso sobre el paisaje.

René Magritte. El principio del placer, 1954. Óleo sobre lienzo. Colección privada
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