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El Balneario de Mondariz fue el más importante de Galicia y uno de los primeros de España al menos hasta la primera década del siglo XX. El establecimiento inicia su historia en 1873 cuando sus aguas son declaradas de utilidad pública a iniciativa de sus propietarios, los hermanos Enrique y Ramón Peinador hasta 1931.
El balneario de Mondariz es la respuesta arquitectónica concreta al modo de vida “balnearia” que surge en Europa a finales del siglo XVIII y alcanza su madurez en el último tercio del XIX. El termalismo decimonónico responde al deseo, sentido como una necesidad por las clases privilegiadas, de buscar en la tranquilidad y los “encantos” de naturaleza una alternativa a la vida urbana, un espacio donde cuidar cuerpo y espíritu, sin abandonar los hábitos de ocio propios de su clase; y una de cuyas características fundamentales consiste en la conveniente sublimación del aspecto productivo que lo sustenta. En el balneario decimonónico, la naturaleza y, fundamentalmente, el agua, se convierten en fetiches, objetos de deseo expuestos ante el consumidor.
El balneario está determinado por dos funciones primordiales que condicionan la configuración del lugar: el restablecimiento y cuidado de la salud, y el ocio como prolongación de la vida social de las enriquecidas clases urbanas. La función “terapéutica” del balneario implica la observancia de una disciplina, impuesta por las prescripciones médicas, pero el hecho de que sea una elección voluntaria, lo convierte, ante todo, en una gran empresa del ocio.
Entre 1873 y 1931, el espacio y la arquitectura del balneario de Mondariz se van configurando como lugar. El proceso de formación como empresa y núcleo habitacional, en el que va conformando sus elementos de identidad como institución decimonónica y, posteriormente, como municipio, corre paralelo a la disposición de su espacio y arquitectura como una forma, un marco simbólico. Para convertir este espacio en un lugar habitable, se crean una serie de centros significativos que inician el proceso de transformación del lugar con las edificaciones y la organización del espacio, trazando una trama de metas y recorridos entre ellos. Inicialmente, el centro de la actividad giraba en torno al elemento generador del lugar y primer centro del espacio: la fuente de Gándara.
La buvette o pabellón que cubre el manantial al que acuden los agüistas para tomar las aguas, es uno de los elementos definidores de un establecimiento termal. Las visitas a la fuente, reguladas por las indicaciones del médico del establecimiento, establecían uno de los centros fundamentales del recorrido de los agüistas, y servían de punto de reunión social. Este carácter de espacio médico y social se traduce en una arquitectura que habitualmente se distribuye en dos niveles, en el inferior brota el manantial, y en el superior hay un pequeño espacio para el encuentro de los agüistas.
En 1879 La guía de Aguas bicarbonatado-sódicas de Mondariz narra cómo bajo la dirección del catedrático de química de la Universidad central, Dr. D. Fausto Garagarza y la supervisión de Enrique Peinador se construye ese año una fuente “de hierro fundido, siguiendo las indicaciones del eminente hidrólogo M. Durand Fardel”, que se levantaba “esbelta en el centro de una amplia y elegante rotonda de cantería, adornada de cómodos bancos rústicos, y cubierta de verdes acacias y varias flores”. Posteriormente, se añade la marquesina que puede observarse en las fotografías de la fuente de Gándara de principios del siglo XX y que reflejan el tipo más sencillo de buvette: de planta cuadrada donde surge el manantial, situado a un nivel más bajo que el del suelo, cubierto con una sencilla marquesina y rodeado por una verja de hierro.
Este carácter sagrado se acrecentará con la ampliación y mejora de la fuente emprendida por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en 1908, así como la construcción de “nuevos y grandes talleres” para el embotellado de las aguas. En 1914, con el templete de la fuente Gándara todavía en construcción, se inaugura la planta de embotellado, anexa a la fuente. Mientras que el interior del taller refleja su cometido industrial en un espacio simple y funcional, el diseño de la fachada está en perfecta sintonía con la concepción clásica del pabellón de la fuente y adquiere una elegancia que lo distingue de una simple nave de embotellado, asumiendo a la perfección su función representativa, pues la fuente de Gándara será el símbolo del balneario a partir de entonces. El proyecto de Palacios y Otamendi para el pabellón de Gándara es el más ambicioso de todo el contexto gallego. El lenguaje clásico y el despliegue de materiales que originalmente formaban parte de la obra se ajustaban a la función que debía cumplir esta construcción, fundamentalmente representativa. Como en todas las edificaciones del establecimiento, el granito es el material principal.
La fuente de Gándara es quizá la principal meta simbólica del lugar que transmite, a través de su disposición formal, la sacralidad del espacio, en el que la luz juega un papel primordial. Las columnas remiten a lo terrestre, en el interior de la fuente parecen surgir de sus entrañas, mientras que la luz surge de las aperturas en la base de la cúpula. Los reflejos cobrizos de los azulejos aumentan la sensación de desmaterialización, y contribuyen a su identificación con un espacio sagrado que, desde los edificios cristianos, se caracteriza por los efectos lumínicos en su interior. La connotación de espacio sagrado de los pabellones que cubren las fuentes, subrayado por la balaustrada que separaba la zona donde brotaba el agua de los agüistas, es uno de los elementos comunes de las buvettes. En la buvette se manifiesta aquello que puede preservar la salud, es una fuente de vida, cuyas propiedades salutíferas la convierten en algo casi divino. La fuente de Gándara transmite la integración entre naturaleza como propiciadora de vida, y su planta central es el epítome de la culminación del espacio por una balaustrada que delimita la zona sagrada del manantial en su interior. El pabellón combina la evocación de un ideal clásico y la sacralización pagana. La frecuente expresión “peregrinar a las aguas” rubrica este carácter sagrado del espacio, en el que la fuente es la meta hacia la que se dirige el peregrino.
Los agüistas alojados en el Gran Hotel tomaban su primer vaso de agua en la fuente de Gándara, y “paseaban las aguas”, como solía decirse, para tomar el segundo vaso en la de Troncoso, la más popular en los inicios del balneario por ser la más antigua y la que dio origen a la fama de Mondariz. Un accidentado camino unía los 800 metros que separan ambas fuentes hasta la remodelación de Troncoso, en la primera década de siglo, que incluyó notables mejoras en el paseo que la unía al establecimiento.
La fuente de Troncoso, que brotaba en el lugar del mismo nombre, en el margen izquierdo del río Tea, se mantuvo al margen de las obras que se estaban realizando en el balneario, debido al largo pleito mantenido entre el Ayuntamiento de Mondariz y los Hnos. Peinador por su propiedad entre los años 1873 y 1905 cuando, definitivamente, se resolverá al favor de los Peinador. En 1908, cuando Antonio Palacios comienza sus obras en Mondariz, se encargará de supervisar la reforma de esta fuente que según describe La Temporada constaría de “una elegante marquesina de hierro y cristal, que protegerá el recinto de la fuente; un balcón cubierto rodeará interiormente esta marquesina á la rasante del paseo y dos cómodas escaleras de hierro, artísticamente decoradas, se destinan al servicio del publico; a continuación de la marquesina están los talleres del embotellado que en su arquitectura recordarán los de la fuente de Gándara”.
El aspecto del taller de embotellado, adosado al manantial, tal como indica el texto citado, alude al taller de la fuente de Gándara, aunque de menores dimensiones. Ambos son de planta rectangular y tienen una fachada de granito horadada por tres grandes huecos en forma de arco de medio punto, actualmente tapiados. La composición ornamental es, aunque más modesta, similar, y la marquesina que cubre el manantial así como la verja de acceso al mismo son las que antiguamente cobijaban la fuente de Gándara.
Pero es preciso señalar que, a pesar de estar situada fuera del recinto balneario, la fuente de Troncoso contribuye a configurar la imagen del establecimiento y se constituye en uno de sus centros focales. Como tal, impone un eje que incide en el espacio balneario: el camino que une las dos fuentes que, además de normalizar el recorrido de los agüistas que acudían a tomar sus aguas en su cotidiano paseo, introduce una apertura, una vía de crecimiento que descomprime el establecimiento para expandirlo.

Dibujo de la Fuente de Gándara de Mondariz

Fuente de Gándara de Mondariz

Fuente de Gándara de Mondariz

Fuente del Troncoso de Mondariz

Fuente del Troncoso de Mondariz

Invitados probando las aguas de Mondariz

Cartel anunciador de las aguas de Mondariz

Cartel anunciador de las aguas de Mondariz

Cartel anunciador de las aguas de Mondariz

Obras de construcción de la Fuente de Gándara

Planta de embotellado de Mondariz

Planta de embotellado de Mondariz

Planta de embotellado de Mondariz
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