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En la séptima y última sección presentamos el frecuente recurso de Magritte al cambio de escala como un movimiento antimimético. Inspirándose en las novelas de Lewis Carrol en las que Alicia crece y mengua hasta una docena de veces, Magritte aumenta el tamaño de los objetos hasta hacerlos insólitos, monstruosos. Agiganta por ejemplo una manzana o una roca hasta llenar todo el espacio de una habitación. Si con el mimetismo el cuerpo era devorado por el espacio ahora el cuerpo devora el espacio circundante.
El mismo efecto logrado con el agigantamiento se puede obtener con la levitación. Por ejemplo, con la imagen de una roca suspendida en el aire. Magritte nos explica el misterio con toda claridad: <<Al pensar que la piedra debería caer, el espectador tiene una sensación más fuerte de lo que es una piedra de la que tendría si la piedra estuviera en el suelo. La identidad de la piedra se vuelve mucho más visible>>. La esencia de un objeto se revela cuando lo ponemos en una situación insólita, incompatible con nuestra experiencia habitual. Así nos muestra las cosas como si las viéramos por primera vez y, como dice el propio pintor: <<Las cosas están habitualmente tan ocultadas por sus utilizaciones que, al verlas un instante, nos da la sensación de conocer el secreto del Universo.

René Magritte. Delirios de grandeza, 1962. Óleo sobre lienzo. The Menil Collection, Houston
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