
Los manuscritos de Leonardo da Vinci en Madrid
Su lenguaje icónico
Los manuscritos conservados del artista florentino manifiestan una creatividad desbordante y una admirable capacidad de expresarse mediante imágenes. Su mente se adelantó a su tiempo. El enciclopedismo de sus conocimientos le impidió resolver muchos de los asuntos concebidos. Sus obras se caracterizan por estar inacabadas, pero todo cuanto hizo como autor en distintos campos ha sido una fuente de inspiración decisiva para las generaciones venideras.
Por estas razones, desde mediados del siglo XVI, intelectuales y artistas desearon poseer algunas de sus obras escritas. Uno de ellos fue el escultor Pompeo Leoni, quien trajo a Madrid algunos ejemplares magníficos del maestro.
Huellas de lectura
Algunas obras originales de Leonardo muestran anotaciones hechas por estudiosos durante la lectura de las mismas. Esta práctica era habitual en la época. La existencia de estos apuntes permite conocer el grado de recepción de las ideas y los hallazgos del maestro y evidencia la circulación y el interés por tales obras.
En algunos ejemplares de gran calidad que formaron parte del legado patrimonial de Pompeo Leoni, y que permanecieron en Madrid al menos hasta 1613, se aprecian breves comentarios realizados por distintas manos en español y en italiano. Se trata de los manuscritos denominados Windsor Collection, Manuscrito B y el Codice sul Volo degli Uccelli. En cambio, los llamados Códices Madrid I y II, de excepcional valía y actualmente conservados en la Biblioteca Nacional, carecen de apostillas. Este hecho permite suponer que su posible poseedor, el musicólogo Juan de Espina, no facilitó la consulta de estas piezas, las cuales fueron en su día admiradas por el pintor italiano Vicente Carducho.

Tasación de los bienes de Pompeo Leoni, 1618, Archivo Histórico de Protocolos de Madrid
Este documento notarial es muy importante, ya que en él se describen los manuscritos de Leonardo de Vinci que poseía Pompeo Leoni en su casa de Madrid. Entre ellos se encontraba el espléndido álbum formado por el escultor, que contenía, entre otras muchas joyas, toda la colección de dibujos de anatomía, una aportación científica de primer orden. Esta obra se encuentra custodiada actualmente en la Royal Library del castillo de Windsor, ya que fue adquirida a mediados del siglo XVII por el coleccionismo inglés.

