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Las maravillas de Juan de Espina y el legado de Leonardo

La figura de Juan de Espina

Gracias al testimonio del pintor de origen florentino Vicente Carducho, tenemos noticia de la presencia en 1620 en Madrid de dos códices de Leonardo da Vinci. Carducho menciona haberlos visto en la casa de Juan de Espina Velasco. Aunque nacido en Madrid y destacado cortesano, el mayorazgo familiar de los Espina estaba ubicado en Ampuero, e incluía molinos y ferrerías.

Juan de Espina logró formar un magnífico gabinete de maravillas en su residencia madrileña. Su pinacoteca convivía con colecciones de objetos naturales (naturalia), instrumentos y elementos decorativos y exóticos (artificialia). En la biblioteca destacaban los dos códices de Leonardo. Los legó a Felipe IV, lo que ha permitido conservar hasta el día de hoy una parte de la obra de Leonardo en España.

Espina también fue conocido por sus espectaculares fiestas, a las que en ocasiones acudía lo más granado de la corte. En ellas, ingenios, autómatas, trucos de escenografía y efectos especiales causaban asombro. Todo ello le proporcionó fama de hechicero, a la que contribuyó la literatura de la época. Durante años se siguieron publicando comedias sobre él, hasta que la figura histórica quedó eclipsada por el personaje.

El legado artístico de Leonardo

La valoración de la obra de Leonardo también evolucionó con el trascurso de los años. Su valía como artista superó al resto de sus talentos y sus manuscritos se convirtieron en objeto de colección y no de estudio. El hecho de que estos nunca fueran publicados impidió una mayor divulgación de sus conocimientos. Solo sus pensamientos y anotaciones sobre pintura fueron compilados a su muerte por Francesco Melzi, conformando el conocido como Trattato di pittura de Leonardo da Vinci. Esto permitió la difusión de sus estudios sobre la luz y las sombras, el movimiento, las proporciones y la fisionomía, la teoría de la perspectiva basada en la utilización del color y sus observaciones sobre el paisaje. Estudios y teorías editados por primera vez en 1651 por Rafael du Fresne en París. La primera edición española apareció en 1784.

Prueba de la influencia e inspiración de Leonardo en otros artistas son los dibujos que se han seleccionado para esta sala.

La vanidad mundana

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