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La versión más fidedigna acerca del descubrimiento de las aguas termales de Mondariz es la que consigna el médico director del balneario, Isidro Pondal, en la memoria anual de 1877, según la cual Enrique Peinador descubre el manantial de Gándara en 1872 durante uno de sus recorridos por la cuenca hidrográfica de la comarca, acompañado de un ingeniero, probablemente el ingeniero de minas Isidoro Sebastián Buceta. El 22 de febrero de 1873 el abogado Ramón Peinador, hermano de Enrique, solicita permiso para la creación de un establecimiento termal en el terreno de su propiedad donde brotaba el manantial de Gándara, así como la concesión del conocido manantial de Troncoso, a orillas del río Tea, cuyas aguas poseían mismas propiedades. Las aguas de los dos manantiales son declaradas de utilidad pública por decreto del Gobierno de la República el 16 de junio de 1873, a petición de los hermanos Peinador. El último tercio del siglo XIX en España inicia un periodo de estabilidad política y económica que impulsa el desarrollo de la industria balnearia.

Si en 1851 existían en España 85 balnearios registrados, a los que habían acudido unos 60.000 agüistas, en 1892 se registran 152 balnearios y un total de 150.000 agüistas. Hombres de negocios, aristócratas, médicos y farmacéuticos de prestigio, invierten en la creación y renovación de establecimientos termales, implantando en España la industria y el turismo termal ya asentados en el resto de Europa. Los hermanos Peinador Vela fueron los pioneros en este tipo de empresa en Galicia, y su perfil, como miembros de la minoría ilustrada que comulgaba con las ideas nacionalistas de los intelectuales de su tiempo, dota a su empresa, el balneario de Mondariz, de un carácter particular.

Una vez afirmadas las bases del balneario, los hermanos Peinador emprenden proyectos de mayor envergadura destinados a convertirlo en un gran centro modélico de ocio y salud, y una de las empresas turísticas más importantes del país. A este fin responden la ampliación y mejora de los servicios e instalaciones con la construcción del Gran Hotel, inaugurado en 1898, y la adquisición de la finca de Pías, que acogía varias actividades productivas, lúdicas y culturales, como el museo etnográfico-arqueológico. Quizá la iniciativa más ambiciosa y que de llevarse a cabo en su totalidad hubiese tenido mayor repercusión estructural, fue la formación de la sociedad para la construcción del tranvía eléctrico Mondariz-Vigo, que uniría el establecimiento con una de las ciudades más grandes de Galicia. Otro proyecto concebido en este período, e igualmente frustrado, es el sanatorio para artríticos, una ambiciosa obra que incluía, además, una escuela de terapéutica física y el Museo de Historia Natural de Galicia. Las obras se inician en 1909, cuando el establecimiento está ya bajo la dirección de Enrique Peinador hijo, pero nunca llegarán a culminarse y, en 1929, los propietarios del establecimiento donan el edificio al Estado para dedicarlo a Instituto de Hidroterapia, Colegio Mayor o Residencia de médicos y estudiantes, para ampliar estudios e instalar museos y laboratorios. Estos proyectos reflejan el deseo de expansión del establecimiento, cuya frenética actividad en estos años lo convierte en “el único que tiene carácter internacional entre los españoles” y un modelo para todos los balnearios españoles, como señala la Gaceta Balneológica en 1900.

Uno de los principales rasgos diferenciadores del balneario de Mondariz empieza a vislumbrarse a inicios del siglo XX. La edificación del balneario y su lujoso hotel en el modesto barrio de Troncoso lo transforma en una de las villas más activas del municipio. La urbanización y ajardinamiento de la zona, así como la construcción de edificios diferenciados de su entorno, provoca una admiración que pronto se convierte en uno de los lugares comunes de las crónicas de los viajeros que conocen la historia del balneario.

Consciente de ser un centro dinamizador de su entorno, fomenta su imagen de núcleo diferenciado, irradiador de civilización, que se expande y toma entidad. Sin embargo, las consecuencias de esta voluntad de desarrollo, que trasciende a la de un establecimiento de baños, no se manifiestan plenamente hasta la segunda década de siglo. A partir de la construcción del Gran Hotel, edificio emblemático de toda estación termal, la arquitectura se convierte en el principal reclamo que atrajo a los agüistas al establecimiento, convirtiéndolo en opción preferente ante otros centros de veraneo. La etapa constructiva con la que inicia la dirección del establecimiento Enrique Peinador Lines en la segunda década del siglo XX, así lo confirma.

Enrique Peinador Lines asume la dirección del establecimiento tras realizar varios viajes al norte de Europa en los que conoce los mejores establecimientos de Alemania y Suiza. Motivado por estos viajes, inicia un ambicioso proceso de mejora y ampliación de servicios. Las obras más significativas de esta nueva etapa del balneario se deben al arquitecto Antonio Palacios, las primeras todavía en colaboración con Joaquín Otamendi. Aunque reside y trabaja principalmente en Madrid, Palacios mostró un activo interés por la cultura gallega, especialmente en su segunda etapa profesional. Pasa largas temporadas en su pueblo natal, Porriño, muy cerca de Mondariz, y colabora en las principales publicaciones generadas por este ambiente galleguista, como Galicia y Nós. Palacios coincidirá con Enrique Peinador Lines en las tertulias de la “Botica Nova” en Porriño, promovidas por su hermano, el farmacéutico José Palacios, donde se reunían además Darío Álvarez Limeses, Valentín Paz Andrade, el poeta Ramón Cabanillas, entonces secretario en Mos y residente en Porriño, o Jaime Solá, director de la revista Vida Gallega, entre otros. La amistad de Enrique Peinador Lines con Antonio Palacios, el prestigio que había alcanzado el arquitecto, el compromiso con el desarrollo de Galicia que ambos compartían, explican su elección para suceder a Jenaro de la Fuente en la tarea de aumentar el prestigio del establecimiento. Es muy posible que Palacios fuese uno de los mayores entusiastas de la obra, debido a su firme convicción en la necesidad de potenciar las capacidades turísticas de la región, como pone de manifiesto en sus planes de intervención urbanística para ciudades como Santiago, Villagarcía y, muy especialmente, Vigo.

Tanto el pabellón de la fuente de Gándara, con su lenguaje clásico, como la claridad estructural y fachadística del Hotel Sanatorio o de “La Baranda”, participan del concepto clasicista de la composición y la monumentalidad de las obras citadas, así como la composición ornamental de las fachadas inspirada en los modelos de la Sezession vienesa, y la combinación de materiales nuevos y tradicionales: hierro, vidrio, hormigón, cerámica y piedra. Entre los años diez y mediados de los años veinte Antonio Palacios construye en Mondariz algunos de sus edificios más emblemáticos. Exceptuando al Hotel nº 5, que ofrece ciertas dudas, la práctica totalidad de los edificios importantes que pertenecen a esta segunda etapa constructiva del balneario son obra de Palacios: el pabellón de la fuente de Gándara y el edificio de Correos que se construye anexo, el inacabado Hotel-Sanatorio, el edificio denominado “La Baranda”, concebido inicialmente como un paseo cubierto a imitación de los que se encontraban en los principales balnearios europeos y destinado a galería comercial, o la reforma del pabellón de la fuente de Troncoso. Es muy probable que la intervención de Palacios formase parte de un plan de reforma más ambicioso, en el que algunas de las obras fueron realizadas desinteresadamente.

En estos años, el balneario se distingue como un organismo vivo e implicado con su entorno más allá de lo que atañe al propio establecimiento. Mientras que, como empresa, su aspiración es la de igualarse a los grandes centros hidrológicos europeos, como entidad gallega de principios de siglo asume un papel protagonista en el activo panorama cultural y político de su tiempo, inevitablemente ligado al regionalismo de Murguía y Brañas y, sobre todo, a partir de la creación de As Irmandades da Fala (1916-21), al nacionalismo. Las dos primeras décadas del siglo XX constituyen un período fundamental en el que cultura y política están estrechamente vinculadas, pues se partía de la convicción de que la afirmación política de Galicia pasaba por la afirmación de una cultura e identidad gallega. El balneario de Mondariz primero con los hermanos Peinador Vela y desde 1907 con Enrique Peinador Lines formó parte de este movimiento.

Al implicarse en el ambiente cultural y político gallego, y erigirse como centro de cultura y civilización, Mondariz desarrolla sus signos de identidad, se muestra no sólo una imagen de marca, sino como una población que desea consolidarse. Cuando el balneario alcanza el suficiente grado desarrollo, da el último paso para convertirse en una villa termal completamente autónoma: la creación de su propio municipio. Llegados a este punto, excedido el estatus de empresa del ocio, el balneario construirá una tradición que legitime su nuevo estatus de núcleo poblacional.



 

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