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Madrid, centro de una red de transferencia del saber. Ciencia y Técnica al servicio del poder.
El establecimiento por Felipe II de la corte en Madrid determinó que el Alcázar Real, residencia del monarca y sede de los Reales Consejos, se convirtiese en el centro neurálgico de la monarquía. En sus dependencias se pensaron, y desde ellas se dirigieron, ambiciosos proyectos ejecutados por matemáticos, cosmógrafos, astrónomos, ingenieros, arquitectos, médicos, botánicos, ensayadores, artistas, relojeros. Todos trabajaban al servicio de los monarcas como expertos en alguna de las materias que conformaban la «ciencia y técnica imperial», herramienta esencial para la explotación y administración de los extensos territorios de la Corona y para mostrar, defender y extender su poder.
La región de Madrid, tanto la capital como Alcalá, Aranjuez o El Escorial, el extenso territorio donde se asentó la corte, se convirtió en uno de los focos científico-técnicos más activos de Europa. Contribuyeron a ello científicos y técnicos españoles, pero también napolitanos y milaneses, flamencos, portugueses, alemanes e incluso algunos ingleses y franceses. Con estos ingenieros viajaron propuestas e invenciones, libros e ideas que se compartieron más allá de las fronteras políticas.

Estuche instrumental astronómico, 1596, Museo Naval de Madrid
Posiblemente fue encargado al matemático y orfebre alemán Thobias Volckhmer como obsequio para Felipe II. Es un conjunto instrumental formado por un reloj de sol, una brújula, un astrolabio, dos calendarios y un cuadrante, además de unos mapas del hemisferio boreal terrestre, con las regiones marítimas, y del austral. En su conjunto, muestra todo el saber astronómico de la época y constituye uno de los más valiosos ejemplares del coleccionismo de instrumentos científicos del siglo XVI y XVII.

Ballestilla, 1563, Museo Nacional de Ciencia y Tenología
La ballestilla, también llamada báculo de Jacob, estaba formada por dos piezas, radio o virote y transversario, graduadas. Se utilizaba en topografía y artillería para medir la distancia y las dimensiones de objetos lejanos; en astronomía, para obtener la separación angular entre dos estrellas, y en navegación, para determinar la coordenada latitud midiendo la altura de un astro sobre el horizonte. Se basa en el método geométrico de la triangulación.
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